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La Opinión del Lector

¡Bejaranos: la Divina Providencia nos avisa!

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Martes, 11 de Agosto de 2015 03:17

Un relato de Gabriel Cusac Sánchez / Es innegable. La nueva superficie comercial, el gran supermercado -o quizá, incluso, hipermercado- de las afueras, ha traído a la ciudad estrecha un viento revolucionario digno de ser estudiado por los sociólogos locales, si los hubiera. La lozana marca, el nombre delsúper, ya es una de las primeras palabras de nuestro ranking léxico, en pugna con otros vocablos de consolidada tradición bejarana comocalderillo, castañar o Inem (que noEcyl, especie de barbarismo cuya inserción lingüística resulta poco menos que nula). Sí, queridos paisanos: ¿no citamos tres o cuatro veces al día ese nombre que en estos papeles discretos no se citará?… ¡Ah, ese nombre luminoso, fragante, ubicuo, que se esconde detrás de todas nuestras acciones diarias! Desde el acto más intranscendente, como sonarse los mocos, al más gozoso, como el coito; desde el comer al cagar. Porque, amigos bejaranos, ¿dónde compramos los pañuelos, los condones, la comida, el papel higiénico? ¿Qué sería de nosotros sin el auxilio del gran supermercado?

Todos lo hemos experimentado. Cada sábado de este tórrido verano, después de colonizar las riberas fluviales en 80 kilómetros a la redonda; alzando, en dura lid contra los fieros madrileños, el estandarte bejarano en tierras salmantinas, abulenses y cacereñas; temidos como los tercios de Flandes; implacables como una plaga bíblica; sin falsos escrúpulos, como los drugos de La naranja mecánica; ocupando la necesaria mesa (y también la de al lado) en los merenderos al caso, extendiendo además las mantas para la siesta, las hamacas para leer el periódico, las toallas en la orilla; desalojando de bañistas hostiles las aguas del Tormes, del Ambroz, del Jerte, del pantano de Gabriel y Galán, etc, para desarrollar vistosas naumaquias sobre nuestras barcas y colchonetas hinchables; después, en definitiva, de nuestro merecido esparcimiento sabatino, ¿qué mejor remate a la jornada que el de la gran compra, sobre las ocho, ya a las puertas de la muy noble, muy leal, liberal y heroica ciudad?

Y el clímax. Salir del supermercado, al cabo de más de una hora detrekking consumista, con el carro de la compra tan colmado como el alma, altiva la expresión, henchido nuestro pecho, tiesos como virotes, triunfantes como quijotes tras conseguir el yelmo de Mambrino, como tartarines después de una fructífera cacería, incluso como césares con el veni, vidi, vici. Nuestra mirada arrogante, nuestro desfile chulesco. Nuestro clamor sin palabras: ¡Estamos integrados en la modernidad! ¡He aquí la prueba de nuestro poder adquisitivo! ¡Somos la hostia en verso!

Sin embargo, queridos paisanos, el inimaginable suceso ocurrido el pasado 1 de agosto (Santas Fe, Esperanza y Caridad) nos debe hacer reflexionar. Que un monumento tan emblemático como laPeña de la Cruz haya dejado de presidir los montes del mediodía para aparecer, con su peñasco y todo, súbita, taumatúrgicamente,  en medio del parking de la gran superficie comercial constituye, sin duda, una exasperada y nítida señal de la Divina Providencia. Retornemos todos juntos hacia la humildad. Así sea.

Puede visitar el blog personal de Gabriel Cusac pinchando aquí.

 

Nuevas denuncias publicas sobre la situación de los trabajadores municipales en la Thesa

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Miércoles, 05 de Agosto de 2015 20:16

Carta enviada por un lector anónimo / Trabajadores temporales en La Thesa de Béjar, subvencionados por la Junta y Castilla y León para diversos servicios que el Ayuntamiento los ha tenido demoliendo y desescombrando sin los equipos de protección reglamentarios (EPI’s) durante más de un mes, noticia de hace unos días.
Se supone que debido a alguna denuncia privada:
– Esta mañana se han presentado en el lugar al parecer una inspección de trabajo compuesta por dos mujeres que han estado viendo aquello.
– En la misma mañana posteriormente ha ido uno de los responsables de obras del ayuntamiento y ha presentado a las-los trabajadoras-es un recibo de los EPI’s (equipos de protección)  que estos han firmado ignorantemente (con todo mi respeto y cariño para las-os trabajadores) sin mirar fecha y supongo que “acobardados o temerosos” y por miedo a perder su trabajo pues la mayoría son personas necesitadas, teniendo bien agarrados los papeles dicho responsable sin opción a leer y mucho menos informándoles que deben leerlo y mirar la fecha por ética y honestidad, todo ello así con mucha prisa. ¡Ah lo mismo tenía fecha de hoy! por honestidad.
– La inspección ha debido ser por la denuncia que un particular ajeno a la obra presentó en la Inspección de Trabajo.
– Agregar a lo dicho que cuando el Ayuntamiento “supuestamente” se enteró de que podrían tener alguna inspección o algo estaba pasando por comentarios en alguna web (“refugio” de los desamparados), el fin de semana siguiente (que los peones afectados no trabajan pues van de lunes a jueves) con tres grandes camiones el Ayuntamiento recogió los escombros ¡qué casualidad!!  y el lunes siguiente pusieron a los peones fuera de la casa que estaban, donde los tenían demoliendo sin ninguna protección, a limpiar el camino de polvo del acceso al lugar por eso de por si acaso y con diversas ironías del “¿capataz?”‘. Días después también pusieron en el acceso un cartel que anuncia obras y los equipos de protección que se deben utilizar, aunque NO se utilizan ¡vaya cuento¡¡.
– Igualmente a partir de la noticia en Internet alguien bien organizado generó mal ambiente entre las-os trabajadoras-es y comenzó la “caza de brujas” y el “cachondeo” menospreciando a quien hubiera destapado la noticia.
Me da mucha pena que Béjar siendo una ciudad maravillosa conviertan algunos el Ayuntamiento algo así como en un cortijo, calificativo este que no recuerdo muy bien pero me parece que lo dio una muy buena persona del PSOE alcalde entonces.
Bueno pues supongo que desde la actual oposición en el Ayuntamiento de Béjar sepan mejor lo que hacer y supongo no lo sé que a la vista de lo visto ante la Inspección de Trabajo este asunto quede sin contenido ¡ojalá no!!.
En ningún momento se ha pretendido incordiar ni molestar a nadie, solo mirar por estas-os trabajadoras-es y el cumplimiento de la Ley por la máxima institución de la ciudad.
Decía un perverso comentario al respecto cuando alguien destapó el tema “cría cuervos…. “, por lo visto ese se imagina que esta de criador, o dueño, o hacedor del bien, es un vil y ridículo pensamiento y muy mal educado, estas-os peones son personas honorables y no son criados ni mantenidos por nadie que se auto proclame criador de cuervos, debe ser cegato digo yo bueno producto de la incultura digo yo también.   ¡Animo chicas-os trabajadores, no os dejéis amedrentar, demostrar siempre vuestra honorabilidad y gracias por vuestro arduo trabajo, pedir los equipos de protección que puede salvar vidas, tenéis todo el derecho, sois parte de los que luchamos por un Béjar mejor, cuidado con lo que respiráis las consecuencias son a medio-largo plazo, bueno ya lo habéis respirado bastantes días pero claro como alguien piensa que sois cuervos……,  demostrar que sois personas y no intentéis joder a quien saca la cara por vosotros que también andan por ahí pueden resultar falsetes.

 
 

Ante la disyuntiva del voto clientelar

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Jueves, 21 de Mayo de 2015 16:39

Una opinión del ciudadano David Elices / Mi voto puede ser un voto clientelar o no, lo estoy meditando. He querido compartir mi reflexión con cuantos bejaranos se acerquen a este medio interesados por su presente y su futuro para ver si entre todos podemos resolver este dilema, que es el de muchos.
Soy familiar de trabajadores temporales del Ayuntamiento de Béjar. En familias muy castigadas por la crisis económica, sufriendo planes de extinción de empresas, sueldos impagados, juicios colectivos en los que apenas se consiguen arañar pírricas indemnizaciones del Estado, no así de las quebradas empresas hijas de la burbuja inmobiliaria, muchos nos vemos hoy, ante la precariedad y el escaso tejido empresarial bejarano, atrapados en la disyuntiva entre dejarlo todo y marchar (quién sabe dónde) o, por el contrario, aferrarnos a la esperanza de encadenar trabajos temporales en la “mayor empresa de Béjar” con períodos de desempleo lo más cortos posibles en espera de una aún lejana jubilación.

Es una situación triste y desesperada, soy consciente; el tener que depender de una subvención repartida en forma de dádiva entre… ¿Entre quién? He ahí el quid de la cuestión. La situación que describo no es la de una sola familia, es la de muchas, demasiadas, que soportan como pueden las condiciones que impone vivir en una ciudad despojada de un tejido industrial que pueda sostener a su población en unos niveles dignos de calidad de vida. Los años van pasando y la situación no hace más que empeorar, uniéndose la práctica desaparición del textil a la contracción total de la construcción junto con el declive de la industria chacinera que aún nos echaba un cable desde Guijuelo.

Frente a esto, los trabajos temporales que ofrece el Ayuntamiento de cuando en cuando. ‘No muerdas la mano que te da de comer’ dice el refrán ¿Pero realmente debo votar al PP? ¿Debo traicionar mi propia concepción de que en estos últimos cuatro años, y aún en los últimos veinticinco, con ese partido y su gemelo el PSOE esta ciudad no ha hecho sino hundirse más y más en el pozo del paro y la despoblación? ¿Me ofrece alguien una alternativa creíble?

Me veo así ante la disyuntiva del voto clientelar, puesto que sé que con el PP en el Ayuntamiento mis familiares han conseguido un trabajo (precario, pero un trabajo), con el que poder salir adelante o más bien mantenerse, por un tiempo al menos; pero ¿Y si entran otros? ¿Y si cambiamos de jefe? ¿Le caeré suficientemente bien al nuevo para que me siga contratando? ¿Valorará mi experiencia laboral, la calidad del trabajo realizado, mi situación económica, etc. o por el contrario traerá un amigo que ocupará mi puesto por eso, por ser amigo del nuevo jefe? ¿O es que pensará que yo era amigo del anterior y por eso estaba ahí?

Mejor no arriesgarse, ¿no? Mejor practicar el voto clientelar y perpetuar este sistema podrido asentado en la falta de oportunidades imperante y la necesidad de agarrarse a un clavo ardiendo. En esa disyuntiva estoy, y mientras tanto los siete candidatos me prometerán que no, que no pasará eso y que nunca ha pasado, que Béjar, con ellos, irá bien, que les vote y luego, ya veremos.

 
 

¿Por qué apoyaré a Izquierda Unida?

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Martes, 05 de Mayo de 2015 01:29

José Muñoz Domínguez / Con los ecos del Primero de Mayo perdiéndose entre el murmullo televisivo me dispongo a ofrecer mi reflexión acerca del programa electoral de Izquierda Unida para la próxima cita electoral del 24 de este mes. Ya imagino que a muchos lectores les traerá sin cuidado lo que yo piense o deje de pensar: con leer otra cosa tienen bastante. Tampoco sé si con mis opiniones favorezco o perjudico a esta formación, pues tengo claro que no gozo de la simpatía de muchos –muchísimos– de mis paisanos, pero como me apetece ejercer el derecho de libre expresión y soy votante en Béjar (mantengo allí mi casa, pago mis impuestos, sigo empadronado), elijo escribir.

La verdad es que me bastaría un solo motivo para apoyar a IU con mi voto: es la única formación de izquierda que se presenta a estos comicios, lo que en principio garantiza su interés por el progreso y la justicia social, la defensa de lo colectivo frente a la rapiña de las élites económicas que nos han dejado en cueros. Que me perdonen los candidatos del PSOE, incluso los de la formación escindida del opresivo oficialismo, pero hace tiempo que dejaron de ser un partido de izquierda. Para mi, al menos, traicionaron sus mejores principios la primera vez que pude ejercer el derecho al voto, allá por los ochenta, cuando el vergonzoso referéndum sobre la entrada en la OTAN. Andaba yo metido en movimientos pacifistas y afines a la No Violencia (ya saben, Gandhi, Lanza del Vasto), planteando no ya la Objeción de Conciencia, sino directamente lo que después fraguó en la Insumisión; imaginen mi decepción ante aquel cambio de chaqueta, quizás la primera de muchas traiciones en un partido que nació en la izquierda política y se ha vendido a diferentes intereses hasta convertirse en lo que hoy es. Recuerdo las palabras del gran Eduardo Haro Tecglen, que hago mías: el PP es la derecha atávica y cavernícola y el PSOE la derecha civilizada. No me interesan ni la una ni la otra.

Me he leído de cabo a rabo el programa electoral de esta única izquierda bejarana y añado nuevos motivos para mi apoyo, refuerzos puntuales. Ante todo y en conjunto, me parece coherente con la ideología de IU y, sobre todo, con línea de acción política desarrollada por sus representantes durante muchos años en la oposición. El programa toca todos los palos de la gestión local y en cada uno se aportan propuestas desde los valores de la izquierda: no importa que algunas de esas propuestas sean tal vez irrealizables a corto plazo, ya llegará el momento si el poder ciudadano consigue revertir el panorama, condenando a la derecha a la caverna infecta de la que procede. Las utopías de ahora, ya saben, son las conquistas del futuro (¿no fue utopía sufragista el voto de la mujer?, ¿no fue sueño obrero la jornada de ocho horas?). Ningún avance social ha venido de la caverna; es más, perseverar en que gobierne la derecha es la mayor pérdida de tiempo y de dinero para las conquistas –o reconquistas– sociales que están por llegar.

No puedo disimular mi acuerdo con muchas de las ideas que aparecen en el programa, pues coinciden con mi forma de pensar. Destacaré algunas no por ser quizás las más complejas o de mayor enjundia, sino porque me tocan más de cerca: cada cual valore las que le atañen. Vamos a ello.

Mis amigos me han oído decir que votaría a quien evite inaugurar obras y mamotretos (dispendios costeados, en todo caso, con fondos públicos); me alegré de escuchar a Manuela Carmena esa misma propuesta y ahora me alegro por leerlo en el programa de IU. A la política municipal le sobra ego caciquil y protagonismo, el que impúdicamente ha exhibido el alcalde actual a costa de mis impuestos (y de los suyos, lectores). Inaugurar chorradas debería penalizar en política, pero hasta ahora sucede exactamente lo contrario.

Me gusta mucho la idea de potenciar la participación ciudadana a partir de las asociaciones supervivientes de toda índole y de órganos públicos ya existentes junto a otros de nueva creación que, en todo caso, tendrían mayores competencias y capacidad de decisión, por ser vinculantes sus acuerdos. Otros partidos pondrán en sus programas ideas parecidas y hasta con letras de oro, por supuesto, pero la diferencia estriba en que en Izquierda Unida se lo creen y están dispuestos a ponerlo en práctica, mientras que los partidos que ya han gobernado en la ciudad han dejado muy claro por dónde se pasan la opinión de los ciudadanos una vez aupados al poder. También me alegro de su apuesta por la diversificación económica con la potenciación de sectores tan interesantes como maltratados: la producción eco-agroalimentaria propia, los recursos naturales y culturales, la rehabilitación del Patrimonio y del parque de viviendas, lo que sin duda evitará la actual depredación del paisaje y del Casco Histórico, también del Patrimonio Industrial y otros bienes culturales. Hace tiempo que se debió sacar del cajón aquel Plan de Intervención en la Comarca de Béjar (1996), fértil en estas y otras ideas, y ya estamos tardando en desterrar el actual Plan de (des)Ordenación Urbana para evitar el mayor desastre urbanístico sobre nuestra tierra: menos bloques monstruosos y más huertas, menos chalets ocupando el monte y mayores arboledas, menos condesas y más terreno rústico, menos pelotazos para faustinos y cejuelas y más suelo para la república.

¿Más puntos a favor?: se favorece la gestión pública frente a las privatizaciones clientelares (ya está bien de dejar que ciertas empresas parasiten sobre recursos o derechos públicos como el agua o los servicios sociales, por ejemplo); se apuesta por un modelo de ayuda a colectivos vulnerables público y justo, lejos de la caridad o la beneficencia que tanto regocija a la derecha española –heredera del franquismo–, tan feliz en sus mesas petitorias; se opta muy claramente por la desaparición de la educación concertada en favor de la pública (¡por fin alguien decide meter mano en este desconcierto al que tantos recursos se destinan!) y con el mejor enfoque sobre la educación, como en aquel sabio proverbio africano: “para educar a un niño hace falta la tribu entera”; se aporta un enfoque no depredador sobre el medio, pues lo compartimos con otros seres que merecen el respeto que exigimos para nosotros mismos, lejos también del viejo y pernicioso pensamiento judeocristiano que supuestamente “autoriza” a poner al servicio del hombre cuanto ha sido creado (menos toros y perreras, más paisajes y espacios protegidos –¡Parque Natural ya!–, menos “civilización” arrasando lo poco que resta de Naturaleza, más caminos para el viajero, menos hormigón mental). Podría seguir, pero creo que con esta muestra basta.

Hay algunas propuestas –pocas– que me resultan confusas o no veo suficientemente desarrolladas. Sobre otras, aun estando de acuerdo, mantengo serias dudas de que entren en las limitadas competencias municipales: ¿un Ayuntamiento puede establecer ecotasas o sólo le cabe incentivar las buenas prácticas ambientales?, ¿se puede incrementar el IBI a las entidades financieras o imponerlo a la Iglesia insolidaria? (¡ojalá!).

En conjunto, ya digo que el programa es coherente, completo, certero, transversal, progresista, ilusionante y, de poder ser desarrollado tan sólo parcialmente, permitiría una transformación muy notable de nuestra ciudad y su entorno, lejos de la incultura y la miseria que hemos conocido con la derecha rancia y prepotente de los últimos años: algo así como si nunca hubiera reinado el indeseable Fernando VII (¿se lo imaginan?).

Pero el ambicioso programa de IU tiene otra dificultad añadida a las propias de su cumplimiento, pues apela constantemente a la implicación política de la ciudadanía, a su participación a través de muy diversos cauces. Nos requiere como lo que nunca deberíamos haber dejado de ser, animales políticos y no meros idiotas displicentes (empleo estos términos con significado etimológico): ¿estará nuestra sociedad a la altura de este programa? Yo espero que si. Dejen sus miedos en la caverna, salgan a la calle y voten en conciencia.

José Muñoz Domínguez / DNI nº 8.104.629-G

 
 

El por qué de mi baja del partido. Una opinión de Higinio Mirón

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Sábado, 04 de Abril de 2015 23:41

Higinio Mirón Fernández / Ante la situación que se vive actualmente entre la Agrupación Socialista Bejarana y la ejecutiva provincial del PSOE, consecuencia de la elección de las personas que habrían de formar parte de la candidatura de Procurador/a a las Cortes de Castilla y León, me parece oportuno dar a conocer públicamente los motivos que me han llevado a presentar mi baja como militante de la organización socialista, a pesar de llevar en elladesde su refundación, es decir, treinta y ocho años.

Estos casi cuarenta años vienen a ser prácticamente el inicio de la vida democrática en nuestro país que, estando sometido a una férrea dictadura, como fue la franquista, nada ni nadie pudiera hablar ni escribir sobre sus pensamientos contra cualquier tema que no fuera compartido por el propio sistema impuesto, temeroso de consecuencias imprevisibles. Afortunadamentedesde la muerte del dictador, la democracia, la libertad y el respeto a la libre expresión se recuperó.

Este es el motivo que me lleva a escribir unas líneas para expresar el por qué de mi decisión que, a decir verdad, ha sido reflexionada y meditada profundamente, sospesando los pros y contras, lo que finalmente me ha llevado a tomarla de forma firme y sin marcha atrás, abandonando, bien a pesar mío, la militancia del Partido, que no la ideología, y como no, bien en contra de mis principios ideológicos, que en todo momento y siempre he propugnado. Así también como honor, repetidas veces dicho, a la memoria de mi padre, que por defender los valores del socialismo, lo que él siempre consideró base de tal ideología, fundamentados en la democracia, la libertad y la justicia social, y por lo que, por propugnar y mantener estos valores, fue vilmente asesinado.

Tras el reciente cambio de la dirección del Partido a nivel nacional, se insiste mucho, se escribe y se habla machaconamente de renovación periódica y gradual en el ejercicio de las funciones públicas, de democracia interna, de transparencia, de no desempeñar más de un cargo institucional, de no repetir en los mismos más de dos legislaturas y no sé cuantas cosas más y, sobre todo, de forma llamativa e insistente, la capacidad de que cada militante con su voto, sea quien marque las pautas a seguir. Resumiendo, lo que la mayoría de la militancia en sí decida, es decir, “un militante un voto”. En definitiva, democracia pura.

Todos estos conceptos son, según considero, donde se asienta la democracia participativa y además, algo que también está demandando la sociedad en los últimos años. Todo ello me hizo concebir grandes esperanzas, que afianzaron mi forma de pensar, muy en consonancia con los principios de mi convicción y del propio socialismo.

Pero pasado el tiempo, (poco, por cierto), vemos, palpamos y los hechos así lo van demostrando que, de lo dicho poco, por no decir nada.

De nada valen estas palabras, cuando del “dicho al hecho, va mucho trecho” y en que, en la mayor parte de los casos, se ven incumplidas como pago o compensación de favores recibidos, o con frecuencia también, por temas personales, en las que se desea perpetuar para un mejor “modus vivendi”. Algo que, según mi opinión, está muy lejos de la dignidad personal.

La Agrupación Socialista Bejarana, compartiendo en todo sus términos los temas apuntados de democracia interna, y bajo la dirección de su secretario general, Javier Garrido, quiso en todo momento ser fiel cumplidor de estas líneas básicas para el desenvolvimiento de la vida interna de la Organización Bejarana, haciendo gala de los referidos principios y que compartimos íntegramente toda la Ejecutiva, a la vez de dar satisfacción de estos valores a la propia sociedad, que tanto los viene demandando.

Por ello, en el momento de tener que tomar la decisión de elegir a las personas que se postularon para la candidatura de las CortesAutonómicas, y siguiendo las directrices antes apuntadas, se sometió a votación secreta y mediante urna la elección de quienes habían optado para el cargo de las Cortes Castellano-Leonesas. Así se hizo y así NO se cumplió. NO se respetó el resultado democrático de la voluntad de la militancia bejarana. Es decir, esa palabra tan manida de “cada militante un voto”, quedó en “agua de borrajas”. Parece ser que había otros intereses, o quien sabe, si pagar favores de distinta índole.

En base al incumplimiento de las mencionadas directrices, considero que se ha faltado a los principios de democracia participativa, rompiendo con ello la voluntad del resultado democrático de los militantes de Béjar. Este hecho, palpado y demostrado, que entre los compañeros militantes de la Agrupación Bejarana se ha producido un enconamiento muy difícil de resolver, que sin duda dañarán mi ánimo y mi espíritu socialista (según expresaba en mi carta de 25 de marzo pasado, al todavía secretario general, Javier Garrido, exponiéndole mi decisión firme de causar baja del Partido), es por lo que he decidido tomar esta decisión.

Con ello he creído y así lo sigo creyendo, haber cumplido con la convicción de mis principios ideológicos, de coherencia política y dignidad personal.

Esta decisión no ha sido un calentón del momento como alguien quiere justificar y mucho menos una amenaza. No. Mi decisión ha sido, como digo, profundamente reflexionada, meditada y consciente de todo lo que ello pueda traer consigo.

Así, considero que los valores de la persona deben ser juzgados por la dignidad y la coherencia que antes apuntaba y en los que en ella me baso para afirmar mi firme convicción de haber actuado bajo estos principios. Convencido también de que el encono y resentimiento que se ha producido y digo que “se ha producido” entre los compañeros de la militancia bejarana es de tal magnitud, que resultará, por mucho tiempo difícil, por no decir imposible de calmar, algo en lo que no quiero verme inmerso, porque estoy seguro que ello dañaría mi ánimo y mi espíritu socialista, cuyos principios, a pesar de todo, siempre estuvieron  impregnados por la convicción que en todo momento me guiaron, allí donde tal vez, mis irrelevantes e inmerecidos servicios o cargos políticos, me llevaron.

 
 

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